domingo, 9 de junio de 2013

La edad de los prodigios, Richard Holmes

Estoy un mucho hasta las narices de libros que no son lo que prometen. Aunque sean buenos y resulten interesantes, me toca mucho los cojones que digan que tratan una cosa y la realidad sea completamente diferente.

El subtítulo del libro es Terror y belleza en la ciencia del Romanticismo, pero resulta completamente incorrecto. El título debería haber sido algo así como La edad de los prodigios británicos. Terror y belleza en la ciencia británica del Romanticismo británico visto desde un punto de vista completamente británico. Creo que es suficiente como explicación de lo que quiero decir.

Más que nada para que quede completamente claro de qué va el libro. Añadiría también que podríamos hablar de una historia de Joseph Banks, William Herschel y Humphrey Davy, que son los únicos científicos insignes que aparecen en el texto. Como secundarios tenemos a Byron, Shelley (la del Frankenstein y su marido), Keats… Incluso a Faraday, pero como secundario, sin comentar nada de sus inventos.

Visto lo leído, el libro no está mal, tiene sus cosas e incluso termina siendo hasta incluso interesante, al menos al principio, cuando uno todavía no se ha dado cuenta de la parcialidad del mismo.

Luego ya la cosa se lía un poco, porque parece ser que los únicos científicos insignes son los británicos. Nadie más, en aquella época, fue tan bueno, o tan inventivo, o tan genial, como los tratados. Vamos, que si por Holmes hubiera sido, sus islas y nada más.

El libro parece que pretende ser una especie de disculpa, de demostrar al mundo que después de Newton también hubo vida y que los británicos siguieron siendo grandes después de su grandísimo científico y que todo el resto del mundo los ha tratado de forma injusta. No se dice claramente, pero se deja entrever.

De todos modos, nada indica que los datos biográficos no sean ciertos ni estén sesgados. La parte que más me ha gustado ha sido la de Hershel y Mungo Park.

Ah, por cierto, otra entrada algo más blandita para con la obra pero también perfectamente válida: LA EDAD DE LOS PRODIGIOS – Richard Holmes