martes, 28 de octubre de 2014

(103) Superficiales, Nicholas Carr

Pese a no compartir por completo la tesis del autor, es cierto que dice cosas muy interesantes. 
Básicamente este hombre viene a explicarnos que Internet está produciendo una serie de cambios en nuestro cerebro, potenciando por ejemplo el realizar muchas tareas de forma simultánea (es un decir, siempre será una detrás de otra, pero con cambio fácil y rápido entre ellas), reduciendo el nivel de atención y de retención, así como acortando e incluso eliminando la memoria a largo plazo.
Cita varios estudios, todos ellos centrados en cómo nos movemos por internet, con ese cambio rápido entre páginas web, las notificaciones de los teléfonos, el estar continuamente revisando el correo elctrónico, la dependencia de las redes sociales.
También comenta que nuestra memoria a largo plazo ahora es internet, dejando solo la inmediatez en nuestro cerebro, de modo que usemos la red para recuperar esa información que anteriormente se almacenaba en nuestra memoria. 
Comenta que se está perdiendo la lectura reposada de libros y la reflexión sobre los mismos, cambiándose por una especie de vistazo rápido para luego olvidar de forma inmediata. Vivimos al momento, rodeados por los rápidos eventos obtenidos de la tecnología adyacente, con pasadas rápidas sobre la gran avalancha que nos inunda.
Hasta ahí la tesis la comparto por completo, con lo que no estoy de acuerdo es que eso nos esté pasando a todos. Yo sigo leyendo incluso más que antes, técnicamente hablando no tengo problema en leer textos largos en el navegador (en general los añado a un sistema de leer-después y cuando estoy tranquilo es cuando realizo su lectura), incluso mantengo mi “libreta de notas” (en realidad varias) al más puro estilo decimonónico. 
No sé, yo ahora tengo más oferta para leer, más oferta para conseguir esa profundidad de estudio que hace unos años no tenía. Digamos que ahora puedo llegar al nivel que quiera en lo que quiera. Todo está al alcance de la mano, tan solo hay que cogerlo. Hace unos años, si tenías suerte, podías conseguir algo de lo que te interesaba. Ahora tienes abiertas miles de librerías online, museos con sus catálogos digitalizados, puedes, incluso, navegar en las fuentes originales si así lo deseas.

Y por supuesto conmigo mucha otra gente que conozco hace lo mismo, así que, como siempre, no a todos se aplica el mismo rasero.