lunes, 21 de septiembre de 2009

Richard S. Westfall: Isaac Newton: una vida

Este libro es un resumen de otro del autor, titulado Never at Rest y que cuenta con cerca del millar de páginas mientras que éste apenas pasa de las trescientas. Y es una lástima, porque conseguir el primero resulta bastante difícil, de hecho se barajan precios exorbitantes para una edición nueva, y da la casualidad de que no hace muchos años tuve un volumen en mis manos en la biblioteca del Museo Británico y no me decidí a comprarlo porque tenía que pedir prestado el dinero, ya que en ese momento no llevaba libras suficientes… y cuando volví a España localicé este y me lo compré, siendo ésta la segunda lectura que le hago.

Westfall es uno de los mayores expertos a nivel mundial en Newton, y en esta biografía lo demuestra, contándonos de forma detallada no sólo la vida y obra del insigne, sino también sus trabajos, sin entrar en demasiados detalles técnicos; aun así, a veces resulta un poco pesado leerlo, menos mal que los temas alquímicos los toca de pasada aunque con suficiente detalle como para que sepamos que la vida de Newton se basó en tres ejes centrales: las matemáticas y la física, la alquimia y los estudios bíblicos.

De lo primero poco hay que hablar que no se sepa ya. Inventor del análisis, de la teoría de la gravitación, descubridor de buena parte de la óptica clásicia, y resoluctor de bastantes problemas matemáticos que estaban pendientes. Sus dos obras cumbre, la Optica y los Principia constituyen una monumental obra que significa, junto a Galileo, el cambio de la escolástica a la ciencia moderna.

Pero no nos engañemos, si Newton no lo hubiera hecho, otros habrían obtenido los mismos resultados. Hooke le andaba a la zaga, así como Huighens y otros, como los hermanos Bernoulli. Lo que hace único a Newton es que fuera una sola persona la que realizó todos los descubrimientos.

Una faceta más oscura es la de sus estudios bíblicos, en los que se enfocó con el mismo énfasis e intensidad que con todo. Aquí llegó a realizar una genealogía y una cronología bastante coherente, y descubrió muchos de los trapicheos y tapujos que se habían ido haciendo a lo largo de la historia, de modo que desde muy joven perdió toda su religiosidad oficial. No me refiero a que se volviera ateo, sino a que dejó de creer en todas las iglesias de la época mientras que sus afinidades se acercaban al arrianismo. Tan sólo en sus últimos años empezó a desvelar al mundo parte de sus creencias, pero no fue hasta el siglo XX que no se descubrió su filiación religiosa.

La peor faceta de Newton es la de alquimista. Se sabe que compró infinidad de libros sobre el tema, y que él mismo realizó muchísimos experimentos hasta llegar a un punto en el que se dio cuenta de que no iba a conseguir nada. No obstante, ahí está esa ceguera aparente en lo evidente, aunque si nos situamos en la época del biografiado, la alquimia era una ciencia más.

En su oficio de encargado de la Casa de la Moneda, supo elevarla a un nivel que jamás antes había tenido y que tardaría más de cien años en volver a conseguir. Sobre esto ya he hablado en el libro de Levenson.

Newton fue muchos años director de la Royal Society, puesto que aprovechó para lo que hoy en día podríamos llamar prevaricar, ya que, pese a la fachada de pureza e inocencia, cuando le tocaban los bemoles Newton podía ser un verdero incordio, y si se proponía destruirte, no te preocupes que lo conseguía. Notorio es el caso del astrónomo real Flamsteed, al que mantuvo sujeto hasta la muerte del pobre hombre ya que la publicación de la obra podría oscurecer la de Newton. Otro tema lamentable y en el que se aprovechó fue el caso de la prioridad sobre el análisis, en el que, desde su puesto, controlaba a otros para que publicaran sus propios escritos achicando a Leibnitz.

Newton fue una persona única, que ponía todo su ser en el tema que estuviera tratando en el momento, desde la investigación científica hasta la alquímica, pasando por la destrucción de sus enemigos y cualquier otra tarea que decidiera hacer.