martes, 16 de febrero de 2010

Bardi: The Calculus Wars

El subtítulo del libro explica el contenido: Newton and Leibinz, the greatest mathematical clash of all time, que traducido al castellano podría quedar como “Newton y Leibinz, la mayor colisión matemática de todos los tiempos”.

De Newton hay buenas y abundantes biografías, algunas de ellas citadas aquí, pero de Leibinz no he sido capaz de encontrar nada que no sea mortalmente aburrido intentando explicar el pensamiento del biografiado o simplemente insoportablemente soporífero por el contenido. Creo haber empezado cuatro libros y leído sólo uno.

Pero este es algo diferente. Aparte del tema de la batalla entre Newton y Leibniz por la prioridad en la invención del cálculo, exquisita –y tediosamente- cubierta, se nos reseña la vida de ambos, así como sus otros logros. Pese a no ser dos biografías completas, sí que nos dan una idea de quiénes fueron y cómo vivieron.

De Newton ya he hablado por aquí, pero de Leibinz no. Nació en lo que ahora es Alemania y antes una serie de reinos más o menos descentralizados, y sirvió a varios nobles de aquellas tierras. De una gran inteligencia, valorado por toda Europa por sus pares, Leibniz, más que un científico, fue un filósofo que intentó explicar el sentido del universo y, de paso, inventó el cálculo ya que, como muchos de aquellos hombres, sus intereses iban variando y rotando. Mientras a Newton le dio por la alquimia (que Leibinz detestaba) y la religión, al otro le dio por explicar el funcionamiento básico de las entidades (su monadología y su alfabeto universal –del que Stephenson se hace eco en su serie) y a realizar una monumental investigación heráldica de su gobernante, de la que terminó hasta las cejas y nunca pudo acabar dado lo exquisitamente detallado de la misma.

En aquellos años la Europa científica estaba dividida en dos grandes grupos: el continente y las islas británicas, y ambos competían. Newton no hubiera publicado si no lo hubieran obligado a ello, pero Leibniz publicaba y creaba periódicos científicos alegremente, muchas veces bajo seudónimo. Y tenía amplia correspondencia con otros lúmenes de la época, como los Bernoulli.

Todo el libro gira en torno a la invención del análisis, pero sin entrar en detalles técnicos más allá de los meramente imprescindibles para entender la guerra que ambos científicos llevaron a cabo.

Y como dice el refrán, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, puesto que en este libro las cosas no aparecen como en otros, y yo me vuelco a creer que la razón está de parte de Bardi. En la mayoría de libros divulgativos sobre el tema, Leibniz es el bueno y Newton el malo, y con eso no me refiero a que la prioridad fuera del primero siendo robada por el segundo, no, sino que sólo el segundo usó armas sucias en esta guerra.

Se dice que Newton utilizaba a sus amigos y a la Royal Society de forma feroz y sin contemplaciones para apoyarse y desacreditar a Leibinz, pero sin embargo poco se dice sobre el último y sus cartas y publicaciones anónimas, así como de los intentos infructuosos de meter en la liza a otros científicos amigos de él. Sin embargo en este libro se le quita algo de fuego a la parte newtoniana y se le da a la otra. Ignoro cuál sería la realidad, lo que sí sé es que el método fluxional de Newton era barroco y muy difícil de entender, mientras que la notación de Leibniz es la más clara y todavía sigue usándose en su mayor parte.