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lunes, 1 de agosto de 2011

Armas secretas alemanas, Brian Ford

Este es un librillo pirata bajado de internet que me hizo gracia y decidí leer. Es de los años setenta, y ha envejecido bastante bien ya que poco más se ha descubierto de los temas tratados. O bien porque no se han abierto más archivos secretos o bien porque simplemente no haya nada más.


No, no es un libro de magufos ni de tonterías de esas. Es un libro de historia, serio y bien informado, aunque con algún que otro error que el traductor, amablemente corrige.


Habla de las armas secretas de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Ya sabéis, las bombas volantes V-2, los torpedos, los submarinos y los aviones a reacción. Un capítulo sobre las armas químicas.


Y poco más. Eso sí, un buen montón de fotos en blanco y negro que rompen el devenir del texto, todavía más al leerlo en PDF y desde el iPad.


Una obra para curiosos y fetichistas del género o de la época. Legible pero nada más.



domingo, 5 de junio de 2011

A step farther out, Jerry Pournelle

Este libro fue originalmente publicado en 1978 y revisado en 1994. La edición actual, creo que sólo disponible en formato electrónico, ha sido vuelta a comprobar este mismo 2011 aunque, como dice el autor, tan sólo haya tenido de añadir algunos comentarios de contexto.

No obstante el libro quiere ser una cosa pero termina resultando otra bastante diferente una vez que lo leemos con la perspectiva actual.

Fue escrito en plena crisis existencial de algunos divulgadores que vaticinaban que la cultura estadounidense y su tecnología, de no ser reducida drásticamente, acabarían en un desastre maltusiano de proporciones universales. Básicamente venían a decir que o bien dábamos un paso atrás o bien estábamos abocados al caos social y ecológico antes del 2000.

Próceres de este pensar fueron, entre otros, Asimov, del que yo bebía con ansia sus traducciones unos años después, compensadas por otros como Carl Sagan, mucho más fríos a la hora de comentar el desastre que, finalmente, no se produjo.

Pues bien, este libro es un intento de contrarrestar esa corriente que, quizás por suerte, no llegó a verse cumplida. Me hubiera gustado a mi ver al patillas respondiendo a alguna pregunta capciosa de no haber muerto tempranamente… Y eso es lo que el libro no quiere ser: una defensa del positivismo, del avance tecnológico y de que, usando los recursos de forma adecuada, podemos, no sólo evitar el caos, sino remontarnos a él y crecer.

La intención del autor, al menos por el comentario a esta edición, es presentarnos un estudio sobre las posibles salidas tecnológicas de la humanidad. Nos habla de la fusión, de las energías renovables, de la necesidad de salir al espacio para expandirnos y para recolectar los recursos que allí hay.

Y para más inri, el libro apenas ha sido actualizado en algunos aspectos importantes. Se dan razones que, siendo válidas en su momento, ahora no lo son. Hablamos, por ejemplo, de ciertos proyectos espaciales largo tiempo abandonados porque llegaron a puntos sin salida. El reactor Bussard, la impulsión por rayos láser, la energía de microondas radiadas desde el espacio gracias a la colocación de plantas solares orbitales, y un largo etcétera.

El problema está en que se sabe son inviables o muy peligrosas. Los cohetes propulsados por energía atómica no son posibles por los potenciales problemas ambientales si uno sólo llegara a explotar, los haces de microondas no son tan eficaces como los presenta, y el viaje por el espacio no es tan fácil.

Leyendo el libro me ha recordado esas novelas pulp en las que el protagonista, genio, ingeniero y héroe, inventa y construye en pocos días su artefacto y lo hace funcionar a la primera. En esta obra se lee el mismo entusiasmo por ciertas investigaciones que ya sabemos no son tan fáciles.

Por poner un ejemplo, en el libro se presenta la investigación en fusión como algo que ha sido detenido por algún tipo de interés político, tanto en la URSS como en USA, más que por problemas técnicos. Sin embargo ahora sabemos que no, que la fusión, y más todavía la fría, es muy difícil de conseguir, dados los recientes y no tan recientes fracasos.

Todo el libro es así, poniéndonos el caramelo delante de la boca y diciéndonos que tal o cual cosa podría ser posible hoy en día (y en los 90, y en los 80) con sólo dedicar el esfuerzo adecuado, dejándonos el mal sabor de boca de reconocer que ni antes ni ahora son, la mayoría, posibles.

Por lo tanto la obra no es más que una (bella, eso sí) mirada hacia unos tiempos más idealistas y más inocentes. Lo que sí os puedo comentar es el placer que me ha producido leer este libro y los recuerdos que me ha traído de mis tiempos adolescentes y pre-adolescentes cuando solía leer las mismas cosas vistas desde ese mismo punto de vista.

domingo, 27 de marzo de 2011

Rumbo al Cosmos, Javier Casado

Este es otro de esos libros que no encuentra salida al mercado editorial tradicional y su autor decide ponerlo gratis, o casi, en internet. Y no es que sea malo ni mucho menos. Aburrido a veces sí, pero si uno lo va leyendo a ratos puede llegar a descubrir que los autores patrios se encuentran al mismo nivel que otros de mayor renombre y de corte anglosajón en esto de la divulgación científica.

Si bien la obra adolece de algún que otro enganche (no sé decirlo mejor), y va saltando de mata con cada capítulo, se deja leer y tiene su cosa.

En ella se nos cuenta el desarrollo de los últimos años de la astronáutica, comenzando con algunas cosas del Proyecto Apolo y terminando en los últimos experimentos realizados en la ESA.

No está mal pero podría estar mejor si el autor hubiera escrito algo continuo y no tan disperso.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Libros basura: Varios sobre Apolo y la exploración espacial

En mi afán por encontrar libros buenos que describan los importantes períodos de la historia de la exploración espacial del siglo XX compré, hace unos meses, tres libros sobre la misma, casi sin mirar el contenido, ya que dos estaban marcados a un dólar y el tercero a algo más de dos. Para el Kindle, claro.

Los libros son:

Aparte de venir sin ilustraciones de ningún tipo -que sí están presentes en la edición original en papel, los tres tienen serios problemas de formato, con rotura de líneas (uno de ellos, ya no recuerdo cuál, tiene absolutamente todas las líneas rotas), inserción de números y otros símbolos por en medio del texto (imagino que las citas a pie de página), cabeceras sin quitar y otras miserias varias.

Tan malos son que las citas aparecen en continuidad con el texto, es decir, ni están separadas a pie de página ni al final. Tampoco tienen índice; lo que realmente son es un burdo escaneo de la versión en papel.

Por otro lado, el contenido de los tres libros resulta bastante anodino y trivial, lleno de rolletes sin mucha coherencia. Apenas les he echado un vistazo por encima.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Craig Nelson: Rocket Men

El subtítulo es The Epic Story of the First Men on the Moon y como se indica se trata de una historia del primer viaje a la Luna: el Apolo 11. No obstante el libro es bastante más que eso y, aunque los primeros capítulos no sean más que una recopilación de la política de aquellos años, bien vale leerlo si quieres enterarte de muchas cosas.

Es una obra densa y en algunos momentos la cantidad de detalles llega a exasperar un poco, pero se puede leer sin problemas, sobre todo si obviamos la primera parte ya citada.

En mi afán por encontrar un libro que relate la carrera espacial hasta al menos la creación del transbordador, esta es la que más se acerca a ello, pese a estar centrada en el Apolo 11.

A partir de las primeras investigaciones sobre cohetería en la Alemania Nazi y el traslado de von Newman a Estados Unidos, el autor va hilando la creación del proyecto espacial, centrado más o menos en las naves Apolo, con breves recorridos por otros temas como la investigación rusa, pero siempre alrededor de la conquista de la Luna.

No obstante su centrado en el detalle, no se trata de una obra completa. Faltan Apolos y sobran politiquerías, y la narración del primer alunizaje peca de demasiado detallada, detalles que podrían haberse eliminado a favor de una visión más amplia del tema.

Un aspecto que muchos libros de este tipo no cubren son los aspectos sociales y personales de los personajes centrales; en este caso no es así, ya que podemos leer sobre los problemas económicos de cobrar un sueldo normal y tener un nivel de vida muy superior debido a la fama de los personajes, hasta en qué medida les ha afectado a la vida personal de ellos y de sus familiares directos, de hecho en los capítulos finales se nos cuenta qué fue de los tres primeros astronautas que fueron allí.

Cosas que me han llamado la atención del libro es que John Glenn “siempre actua como si estuvera siendo visto por una armada de Boy Scouts o niños, incluso cuando se está metiendo el dedo en la nariz o meando”.

“Entonces advirtió a Aldrin acerca de que ‘uno grande… unos tres pasos’, era más o menos el tamaño del pequeño paso. Mientras, Aldrin tuvo que recordarse no cerrar la puerta de la cabina después de salir del Eagle, desde que los diseñadores olvidaron incluir una manija en la parte de fuera”. Esto en relación a “un pequeño paso para (un) hombre, un gran paso para la humanidad” cuando saltó de la escalera al suelo ya que por lo visto la altura era superior a la esperada.

En el módulo lunar, cuando ya se iban, descubrieron que el único interruptor que era absolutamente indispensable para salir de allí se había roto a consecuencia de las estrecheces al ponerse los trajes. Menos mal que lo solucionaron con la punta de un bolígrafo.

Se supone que los efectos ópticos que vieron (ellos y otros) a lo largo de todo el viaje sew deben a rayos energéticos impactando en la retina. Los “ruidos extraños” oídos mientras volvían fueron una broma gastada por la tripulación a la gente de la base, simulando ser estraterrestre.

Y la cita que más me mola de todo el libro: “En el momento en que escribo esto, el coste completo de ir a la Luna, en dólares de 2008 ajustados con un 600 por ciento de inflacción, es el gasto de 540 días de la Guerra de Iraq”.

sábado, 5 de septiembre de 2009

¿Y ahora, qué?

Si, sí, ¿y ahora, qué, tontos del culo? ¿Qué? ¿Que no sabes a qué me refiero? Pero si está clarísimo, estoy hablando de la magufería del siglo: eso que decís de que los americanos no estuvieron en la Luna y que fue todo un montaje.

Hace no mucho la propia NASA publicó las fotos del Apolo 11 y de otros alunizajes. Están aquí: http://www.nasa.gov/mission_pages/LRO/multimedia/lroimages/apollosites.html, y la cosa está lo suficientemente clara como para acallar a todos los bocazas y los amigos de las teorías conspiroparanoicas.

Pero claro, esas fotos son de la NASA y las puede haber falsificado.

Pero hace apenas unos días, otra sonda, esta vez india, fotografió las huellas del alunizaje del Apolo 15 en 1971. Un comentario y una foto aquí. Y aquí una noticia de fuentes cercanas.

¿Y ahora qué? ¿También están conchabados para falsificar las fotos? ¿O la pérdida de la sonda india se debe a que el gurpo de conspiradores secretos que la han abatido para que desvele más secretos secretosos?

Anda, que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Que os den.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Peter Kolosimo: Sombras en las estrellas

image Kolosimo está considerado un magufo del estilo de von Daniken y similares, y lo cierto es que con este libro no se desmiente, no al menos en la segunda y tercera partes.

Mientras leía Digital Apollo me surgió la duda de si tendría en mi biblioteca alguna historia de la astronáutica, y en seguida recalé en el libro que nos ocupa, que enmohece en la sección de olvidables pese a sentir cierta añoranza cuando lo leí en mis tiempos muy jóvenes…

Sin haber terminado el anterior, me puse con este, y la verdad es que la primera parte resulta salvable, ya que nos traza una breve historia de la astronáutica, comenzando con los primeros cohetes e inmediatamente pasando a las bombas volantes alemanas y de ahí a la cohetería moderna, y escribo moderna en cursiva porque el Copyright del libro data de 1966 aunque en el interior se narren hechos hasta de noviembre de 1969, quizás añadidos del traductor o en posteriores ediciones no registradas…

Pero sólo salvable, porque los tonos fascistas y pro rusos son evidentes en la primera y segunda parte. En el desarrollo de los hechos coloca en primer lugar descubrimientos rusos con fecha posterior a los que después describe. Es decir, para contar cualquier cosa cita un hecho ruso en, pongamos, 1950. Tras describirlo, el texto continúa citando otros hechos occidentales anteriores, dando así una falsa impresión de preponderancia rusa, pero sin llegar a mentir.

No obstante, toda la obra no es más que un montón de basura salvo algunos detalles. En general, pone vida en todos los planetas del sistema solar, nos habla de ovnis y de otros efectos paranormales como algo que existe y que es normal, mezclando argumentos de obras de ficción con supuestas realidades… Y no se trata de inexactitudes, sino de flagrantes mentiras, como el caso de los púlsares, que en la obra se quedan como emisiones de extraterrestres siendo demostrado en 1968 que eran estrellas rotantes… Sí, ciertamente es muy cerca del Copyright de la obra, pero en esta se llega hasta finales de 1969…

Otro ejemplo más flagrante es el de ciertos meteoritos en los que investigadores llegan a descubrir hasta “hongos”… Cita nombres y fechas, pero una búsqueda en Internet no resuelve nada (ni siquiera los nombres aparecen como investigadores), así que lo más seguro es que se trate de datos inventados…

lunes, 16 de marzo de 2009

David A. Mindell: Digital Apollo. Human and Machine in Spaceflight

image Las naves espaciales Apolo, las que llegaron a la Luna, contenían en sus entrañas el que quizás haya sido el primer ordenador digital embebido colocado en un vehículo en todo el mundo. El libro relata su concepción, su evolución y sus problemas, en conjunción con las personas que lo manejaron.

Ello sirve de base para asistir a la relación hombre-máquina, al disgusto primordial de los pilotos por no conducir ellos mismos el aparato en un derroche de testosterona masculina…

El libro está, pues, centrado en dos temas, uno de ellos eminentemente técnico y el otro humano.

Asistimos a las primeras pruebas de vuelo en el X-15, al que se le añadieron varios ordenadores analógicos para facilitar la tarea de los pilotos, que en un principio rechazaron la idea pero que a veces el disponer de ellos llegó a salvarles la vida… como también salvó la vida de las naves el hecho de que los pilotos pudieran desconectar los automatismos y controlar a mano la nave cuando los ordenadores se ponían bordes o simplemente fallaban en su cometido.

Luego pasamos al proyecto Mercury, en donde se producen las mismas situaciones para, finalmente, centrarnos en el Apolo y la novedosa idea de sustituir algunos módulos analógicos por un ordenador digital y ahorrar así peso y espacio.

La primera versión era un subsistema más, acompañado de otros muchos, construido con una buena cantidad de transistores, en los que se empezaba a confiar plenamente en aquel entonces tras llevar unos diez años en producción. Pero pronto los genios del MIT decidieron emplear los novísimos circuitos integrados recientemente inventados, pese a la incertidumbre de su duración y resistencia a los fallos…

Al final, el ordenador pasó a ser el corazón central de la nave (había dos idénticos, uno en el módulo lunar y otro en la nave nodriza), a controlar prácticamente cualquier aspecto de la misma, del vuelo y de casi todos los aspectos de las misiones, lo que en cierta medida enfurecía a los tripulantes, que se veían como meros pasajeros…

El ordenador fue un equipo con 32K de RAM de 16 bits (64K si lo midiéramos ahora), 2K de flash (memoria no volátil, parece que núcleos de ferrita alimentados –no se aclara en el libro) y ROM, pero una ROM especial: cables pasados a través de imanes toroidales que contenían varios cientos de subrutinas controlables por un sistema operativo reentrante, multitarea y controlado por interrupciones y con control de prioridades. El hecho de estar implementado mediante máquinas de estados con salvaguarda de las mismas salvó la vida varias veces a la tripulación del Apolo XI (el primero en llegar a la Luna) cuando este empezó a resetearse continuamente debido a una sobrecarga de datos recibida por el radar de acoplamiento, que debía estar apagado…

El libro resulta a veces pesado y repetitivo en el sentido de que en ocasiones las explicaciones son demasiado detalladas. Por ejemplo, nos cuenta exactamente los pasos que debía llevar a cabo la tripulación con el ordenador para aterrizar en la Luna desde el desacoplamiento del módulo orbital: diez páginas de explicaciones como que primero había que entrar en la rutina P33 tecleando “33 Enter 100 Enter”. Luego esperar confirmación del centro de control. Entonces se entra en la rutina P56 tecleando…

Finalmente se nos cuentan los seis aterrizajes en la Luna vistos desde la óptica del ordenador, o más bien cómo el ordenador facilitó –o incomodó- los aterrizajes.

Lo más impactante del libro es el hecho de que presenta a los astronautas como los típicos “machos ibéricos”, hombres de pelo en pecho que se niegan a ser guiados por un ordenador y que exigen ser ellos los que lleven los mandos, y lo que eso significó en complejidad y en problemas dentro de las misiones Apolo y en cierta medida en otras. También significó salvar alguna que otra misión que quizás se hubiera estrellado, aunque, yendo en la nave y con el aterrizaje completamente automatizado, también habrían podido tomar el control en caso de ocurrir algún percance. De hecho, en ninguno de los seis alunizajes se dejó que los pilotos automáticos aterrizaran por sí solos, y en único en el que el piloto iba dispuesto a ello fue el Apolo XIII, que nunca llegó a destino.

Y parece ser que el tema continúa, porque el transbordador espacial también aterriza a mano, y de hecho en el libro se deja entrever que quizás los viajes serían más baratos si se controlaran en tierra y mediante sistemas automáticos… Pese a estar en cierta medida de acuerdo con el autor, pienso que los humanos, ya sea subidos y bajados de forma automática o manualmente, debemos estar en el espacio…

Lo más curioso es que esos cowboys espaciales, pese a llevar el joystick en la mano, es el ordenador el que finalmente da las órdenes a los distintos aparatos de forma electrónica en base a las órdenes de los humanos, porque si no sería completamente imposible de controlar todo de forma completamente mecánica por un solo hombre…